Quejícas crónicos

Tal ves porque vemos demasiados informativos, leemos malas noticias en todos sitios o simplemente porque es la naturaleza humana, las personas suelen comunicar con negatividad.

Las publicaciones mas compartidas son aquellas de temas de corrupción, atracos, accidentes o relacionados con la violencia, las más comentadas son aquellas que causan controversia y discusiones, en donde, en muchas ocasiones, las personas ni se conocen.

Y en las charlas en persona, solemos decir frases como: -…bueno… sobreviviendo. –Me enfermé, estuve 3 días en cama. –¿No supiste lo que le paso a fulano?

En apariencia esto sucede por varias razones:

-Temor irracional. Tenemos miedo perder lo que nos hace felices, a que alguien, en su infinita maldad nos haga algún hechizo derivado de la envidia y nos empiece a ir fatal en todo aquello que nos sentimos exitosos.

-Hábitos. Hemos vivido muchos años con personas que se quejan, lamentablemente en muchas ocasiones son nuestros propios padres quienes nos enseñan lo feo que es ir a trabajar, lo cansado que es hacer algunas cosas, la preocupación que causan los hijos y lo triste que es perder a alguien.

-Preocupaciones inexistentes. Mi madre dice que “estás más preocupado por un céntimo perdido y no eres capaz de ver los 99 que tienes en la mano”. Piensas que si llueve, la nube solo está sobre ti, esto tiene un poco de egocentrismo.

 -Inconformismo. Aunque te ganes la lotería, dirás que ahora tienes muchas preocupaciones porque no sabes que hacer con tanto dinero.

Pero no es necesario tener problemas sicológicos, lo más común es que no somos capaces de separar los problemas de las bondades que nos da la vida. Por ejemplo, si tenemos un problema en casa, llegamos agobiados a trabajar. Si tenemos problemas en el trabajo, salimos de mala gana con los amigos. Y así, vamos mezclando las cosas, hasta que se vuelve insostenible y nos volvemos unos quejicas crónicos.

Lo bueno es que esto tiene solución… si queremos.

Hacer una lista mental de las cosas buenas que te pasan durante el día. Al llegar a la cama intenta recordar las situaciones del día que te han hecho reír y si fue un día de mierda, pues piensa minimalistamente… tengo de comer, tengo techo, tengo una cama en la cual pensar en las cosas buenas que me pasan…¡Ah y un dispositivo para leer esto!

Hazlo rutina. Cuando estés habituado a hacer esa lista, intenta identificar las situaciones justo cuando están sucediendo. Detente un segundo y di: ¡woow! Este es un momento para la lista. Por ejemplo: sonríe ahora y di “Yuppi, mi primer momento” 🙂

-Comunícalo. No tengas miedo a la maldición de la envidia. Nadie es tú, nadie tiene tus capacidades ni tu experiencia y a menos que te encuentres un psicópata, nadie quiere tu vida. Así que intenta decir lo feliz que eres sin miedo. Al principio te costará trabajo y tal ves sientas que te miran raro, pero te lo aseguro que será temporal, porque un día, tu entorno entenderá que eres una persona positiva.

No olvides que así como nosotros nos hacemos una impresión de las personas, las personas también se la hacen de nosotros y muchas veces serás el último en enterarte de cual es… y a nadie le gustan los quejicas crónicos.

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